Viernes 23 de Abril de 2021

DEPORTES

26 de abril de 2018

26/04/2018: Los 500 días se le arruinaron en una sola noche

Boca perdió con Palmeiras y complicó su futuro en la Copa Libertadores. Ese traspié volvió a dejar al descubierto las fallas de funcionamiento de un equipo que, así y todo, el domingo puede consagrarse campeón de la Superliga. Luces y sombras de un Xeneize que marca récords pero que juega poco y nada.

Por esa insana costumbre de intentar fijar marcas siempre, como si la posteridad vaya a reducirse a una cuestión de números fríos y sin contenido más allá de su fuerza cuantitativa, Boca salió anoche a La Bombonera jactándose de sus 500 días como puntero en nuestro país. Sintiendo que esa larga permanencia constituía una validación de su identidad como equipo. Como si estar en la cima de un torneo en el que la mayoría se arrastra por el barro pueda considerarse algún mérito trasladable a cualquier ámbito del fútbol. Con su triunfo por 2-0, Palmeiras les demostró a los xeneizes que su condición de casi campeón se deshace no bien las huestes de Guillermo Barros Schelotto dirimen fuerzas con un rival más allá de las cómodas fronteras del certamen argentino. Porque hoy, el elenco del Mellizo no sólo quedó herido de muerte en la Copa Libertadores, sino que en una noche dejó expuestas todas las miserias que 500 días de liderazgo no pudieron ocultar.

Boca amagó con ser un equipo devastador con una racha para el aplauso de ocho victorias consecutivas cuando la Superliga aún estaba en pañales. Por ese entonces su superioridad se antojaba digna de hacer historia. Era la lógica consecuencia de un plantel rico en figuras desequilibrantes en una liga en la que la mayoría se refuerza como puede y con lo poco que tiene. La solidez económica de una institución que disfruta la abundancia en una era de clubes que cuentan las monedas no tiene relación con su poderío futbolístico.

Por eso Boca sacó ventaja, mucha ventaja, En especial cuando las lesiones de sus principales jugadores no dejaban al descubierto la endeblez de su estructura como equipo. Darío Benedetto hacía diferencia por su poder de fuego, Fernando Gago se lucia en el medio, Edwin Cardona todavía llamaba la atención por su calidad… Pero con el correr de los meses, y a pesar de que a grandes rasgos los resultados seguían haciéndole un guiño cómplice, el Xeneize comenzó a exponer una realidad muy distinta.

Su funcionamiento tenía puntos oscuros y discutibles que quedaban ocultos por el hábito de escudarse en la prepotencia de los números para abortar cualquier tipo de análisis con cierta pretensión de profundidad.  Hasta su técnico, hábil en la batalla discursiva por esa picardía que le permite construir chicanas que le quiten fluidez al razonamiento, se amparaba en la fuerza cuantitativa de la campaña y de la distancia respecto de sus perseguidores para evitar admitir que no todo lo que brillaba era oro. Quizás porque en realidad no brillaba…

No bien Boca abandonó la comodidad de afrontar sólo una competencia -como sucedió en las primeras 12 fechas del certamen doméstico- y debió ocuparse también de la Copa Libertadores -hace menos de dos meses- salieron a flote los problemas que antes se disimulaban con goles y victorias.  Los inconvenientes físicos surgieron y piezas clave de la alineación titular empezaron a pagar un alto precio por el trajín. Y entonces Barros Schelotto, que nunca se había quejado del descansado calendario de partidos del que su equipo disfrutó en los primeros cuatro meses de la temporada, instaló sus críticas por la avalancha de compromisos que tenía que soportar su equipo.

Lo que verdaderamente quedó claro es que la identidad futbolística del indiscutido líder de la Superliga es consecuencia directa de la riqueza de su plantel y que la distancia que consiguió es producto de que sus rivales se debatían en la doble competencia o agrupaban sus fuerzas con planteles que debían acomodarse a partir de estructuras que se iban construyendo por funcionamiento colectivo y que no se escudaban sólo en las virtudes individuales de las que disfrutaban los auriauzles.

También se hizo evidente que Carlos Tevez regresó de un destierro futbolístico en China que le reportó muchos dólares pero que lo hizo retroceder varios casilleros en su nivel, que sin Benedetto Boca carece de un 9 de jerarquía, que el Mellizo no quiere a Ramón Wanchope Abila y lo pone porque no tiene más remedio; que Cardona es más efectista que efectivo, que si no está Wilmar Barrios la mitad de la cancha queda desnuda; que la retaguardia es más débil de lo que parecía y que Agustín Rossi no brinda las garantías que el equipo requiere de su arquero y que encima comete errores como el de ayer en el segundo gol de los brasileños. Lo poco bueno que hoy se aprecia en la Ribera tiene nombre y apellido: Cristian Pavón, su siete bravo que con aciertos y errores se pone el equipo al hombro y lo lleva al frente.

Todo quedó a la vista a partir de la derrota a manos de River y en la final de la Supercopa y fue sembrando mil y una dudas en el camino de un Boca que creía tener todas las respuestas al alcance de la mano. Su liderazgo se hizo menos cómodo, por su propia responsabilidad y por la gran campaña de un Godoy Cruz que enlazó una importante racha de triunfos.  

Sin necesidad de tener que cumplir una actuación magestuosa, Palmeiras supo aprovechar anoche ese contexto en el que se debate Boca y se llevó un 2-0 de La Bombonera que coloca a los xeneizes en una incómoda posición en el Grupo H de la Copa Libertadores, en el que sólo consiguió cinco puntos en cuatro presentaciones.

Desde su triunfo sobre River por 4-2 en el Monumental el 11 de diciembre de 2016 con dos goles del Tevez anterior al viaje a China, Boca está en lo más alto del fútbol argentino. Todavía no existía la Superliga y los xeneizes ya ocupaban la cima del anterior torneo de Primera División, del que por supuesto terminaron apoderándose. El domingo, incluso, podrían ser bicampeones. Pero la pobreza de su juego y la merma en su producción demuestran que a veces los números y los récords no dicen nada. Porque 500 días pueden arruinarse en una sola noche.

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