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25 de noviembre de 2019

25/11/2019: Opinión | Despedida y regreso made in Maradona

Después de varios días tumultuosos en los que se habló de renuncias inevitables y de amores correspondidos con los hinchas de Gimnasia, Diego volvió para dirigir al Lobo, extendiendo su luna de miel con el club platense, más allá de los resultados negativos que el equipo cosecha como local.

“Lo que digo es que tendrán que echarme para que me vaya. Estoy muy bien acá. De Estancia Chica van a tener que sacarme con la Gendarmería”. Las frases disparadas a la prensa la patentó Maradona pocos días antes de su apresurada despedida de Gimnasia, luego reconvertida en regreso.

La realidad indica que estas idas y vueltas tan repetidas y espasmódicas, lo debilitan, aunque él lo niegue o lo subestime. Y hasta debilitan los vínculos, aunque por ahora sigan muy firmes. Porque nadie puede estar en un lugar reivindicando en público y en privado esa decisión, al otro día dejar todo en banda en nombre de ciertos códigos con el presidente del Lobo, Gabriel Pellegrino y luego volver sobre sus pasos y seguir, como si nada importante hubiera ocurrido.           FÚTBOL 25 de noviembre de 2019 - 10:11

Opinión | Despedida y regreso made in Maradona

 - Por Eduardo Verona Opinión | Despedida y regreso made in Maradona    

Después de varios días tumultuosos en los que se habló de renuncias inevitables y de amores correspondidos con los hinchas de Gimnasia, Diego volvió para dirigir al Lobo, extendiendo su luna de miel con el club platense, más allá de los resultados negativos que el equipo cosecha como local.

 

“Lo que digo es que tendrán que echarme para que me vaya. Estoy muy bien acá. De Estancia Chica van a tener que sacarme con la Gendarmería”. Las frases disparadas a la prensa la patentó Maradona pocos días antes de su apresurada despedida de Gimnasia, luego reconvertida en regreso.

La realidad indica que estas idas y vueltas tan repetidas y espasmódicas, lo debilitan, aunque él lo niegue o lo subestime. Y hasta debilitan los vínculos, aunque por ahora sigan muy firmes. Porque nadie puede estar en un lugar reivindicando en público y en privado esa decisión, al otro día dejar todo en banda en nombre de ciertos códigos con el presidente del Lobo, Gabriel Pellegrino y luego volver sobre sus pasos y seguir, como si nada importante hubiera ocurrido.

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Estar algo más de dos meses dirigiendo al equipo despertando una euforia impresionante en los hinchas, no tenía ningún punto de contacto con una salida fulminante y vertiginosa que finalmente no se concretó. Por lo menos hasta el momento.

Maradona suele afirmar desde hace décadas que él no le da la espalda a quienes en algún momento le tendieron una mano. Y es inobjetable esa línea de pensamiento. Pero en este caso en particular le había dado la espalda a la comunidad de Gimnasia que lo recibió como si fuese un ídolo de toda la vida. Y no lo era.

Aunque Diego se resignificó en un ídolo que el Lobo adoptó desde la primer jornada que pisó el Bosque, como si hubiera nacido ahí. Esa comunión extraordinaria no se merecía un corte tan abrupto y desangelado. Y un cierre que, en definitiva, no contemplaba las necesidades del equipo ni los deseos explícitos de la gente.

Transcurridos unos días de la partida y el regreso de Maradona junto a sus colaboradores Sebastián Méndez y Adrián González, a Gimnasia le podrá ir mejor o peor en lo que resta de una temporada que lo tiene en zona de fuego, pero lo inevitable es ver en el corto y mediano plazo como metaboliza el plantel la sensación de gran incertidumbre que siempre genera la presencia de Diego.

Y como quedó él, luego de participar de estas experiencias esperables e intransferibles. Desde un costado muy indulgente y políticamente correcto podría señalarse que en pocas semanas, Maradona le hizo vivir a Gimnasia una auténtica luna de miel no correspondida con las seis derrotas de local (la última por 1-0 ante Arsenal) y apenas tres victorias de visitante. Pero la verdad es que no siempre alcanza con transitar por una inolvidable luna de miel para construir algo más o menos perdurable.

Este perfil tan errático y desconcertante es lo que no le permite abrazar, sin grandes tropiezos, la función de técnico. “No sé si tiene verdadera vocación para ser entrenador”, nos comentó hace un par de años el Flaco Menotti, poniendo en foco todo lo que gira a su alrededor.

Por lo pronto, Diego no soporta ni tolera ninguna frustración. Muy rápido tira del mantel, revelando demasiado apuro. Y poco o nulo manejo de las distintas circunstancias que se van elaborando sobre la marcha.

“Así es Maradona”, reiteran sin fatigarse aquellos incondicionales renovados que lo frecuentan. Pero el hombre que el pasado 30 de octubre cumplió 59 años, más veces de las aconsejables, parece empeñado en dejar cosas por el camino. Hablamos de las cosas del fútbol que en Gimnasia recuperó.

Lo mejor, para el club y para él, sería que no las abandone. Y que por fin encuentre su lugar. Aunque no sea un lugar cinco estrellas

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