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15 de abril de 2020

15/04/2020: Se fue uno de los imprescindibles

Nació en Federal y -entre otras cosas- fue peón de campo, marinero, fotógrafo, bombero, boxeador, autodidacta en mil profesiones y hasta frenó una creciente con bolsas de tierra para demostrar que la defensa sur debía ser una realidad.

Por Horacio Osorio

Aunque la mayoría desconocía de que se trataba, en el año 1997 se multiplicaban las noticias que hablaban de algo llamado Corriente del Niño. Un fenómeno climático que había provocado desastrosas inundaciones en la parte norte de América del Sur y que -indefectiblemente- llegaría a estas latitudes.

Con esas advertencias, un grupo de vecinos de los barrios Gruta de Lourdes, Tiro Federal y Carretera La Cruz -guiados por el Padre Andrés Servín- volvieron a remarcar la necesidad de concretar una defensa que los protegiera del desborde del río Uruguay y de su arroyo Yuquerí Grande. Hubo una reunión con autoridades municipales de entonces y la respuesta que llegaba desde Nación era la misma: aunque el proyecto estaba listo desde el año 1995, la concreción de la obra debía esperar.

Uno de los que participó de esa reunión fue el entonces presidente de la Comisión Vecinal del barrio Gruta de Lourdes, un hombre llamado José Oscar González, quien ante la negativa reiterada les explicó a sus vecinos que si eran acertados los cálculos de una “creciente moderada” -que teóricamente no superaría los 12 metros- los propios habitantes de la zona sur podían hacer un muro de tierra para frenar el agua, afirmando que él ya lo había visto en una ciudad del Chaco cuando joven y que la iniciativa, por loca que sonara, era posible.

Fue así que, con las primeras luces del 8 de octubre de 1997, un grupo de vecinos empezó a llenar con tierra las primeras bolsas de plastillera y colocarlas como ladrillos a la vera de calle Falucho, de Alvear y otras arterias de la zona sur.

Al día siguiente los medios comenzaron a visibilizar la epopeya y aunque en un primer momento el tema pretendió ser ignorado por las autoridades, con el paso de las jornadas llegaron las primeras máquinas retroexcavadoras, camiones de tierra para colaborar y funcionarios que hicieron propia esa lucha. La noticia de los vecinos que frenaron el río trascendió los límites de la provincia y el lugar fue visitado por Ramón “Palito” Ortega, quien en ese momento era Secretario de Desarrollo Social. Funcionario nacional que pudo escuchar a un José Gonzalez explicándole que los inundados “tenemos que tener aspiraciones mayores a una chapa o una bolsita de alimentos, aunque la necesitemos”.

El resto de la historia es más o menos conocida. El río superó los 14 metros de altura y -aunque padeció una llamativa rotura- la defensa de tierra fue reforzándose y se mantuvo de manera estoica hasta el descenso de las aguas.
Sobre calle Falucho las mangueras de las bombas extractoras FOTO: José Gonzalez

Esta acción de los vecinos comandados por José González -y respaldados por el Padre Andrés Servín- aceleró todas las gestiones burocráticas que parecían infranqueables. Al punto que el 22 de octubre de 1997, el gobierno nacional aprobó el proyecto para construir la Defensa Sur y el 11 de marzo del año siguiente eran seis las ofertas las que se presentaban a la licitación internacional para concretar la obra.

“La gente se cansó que la tirasen arriba de un camión y que después se la amontonasen un galpón, donde se pierde desde la intimidad hasta la dignidad, eso no es para un ser humano”, subrayaba José en una entrevista publicada al cumplirse 5 años de aquella gesta.
Una charla registrada sobre misma línea donde en su momento estuvo la defensa precaria y ahora había un grupo de árboles en sus primeros brotes, especies que “fueron plantados por mujeres que estaban embarazadas cuando construimos el muro”, decía José con una sonrisa.

Señalando con su índice enumeraba que “el primero es de mi nieta, después está el de Luisito, que es el primero de los Montenegro y sigue uno de los Guardia. Aquel es de Medina y el otro es el más chiquito de los Smith”.
El mensaje de esos árboles es contundente, representan a la primera generación de vecinos que ya no deben correr a casa de un familiar o a un centro de evacuados cuando el río crezca.

Como dijo Bertolt Brecht, “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”
 

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