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18 de julio de 2021

18/07/2021: “Quiero que el país cambie, pero si puedo irme me voy”: un chef cubano cuenta cómo es la vida en medio de las carencias y las protestas contra el Gobierno

Abel Mesa tiene 28 años, está casado y tiene un hijo de dos. Tuvo que cerrar su pequeño emprendimiento privado por el aumento de precios y vive con su madre.
Por Marcelo Izquierdo

Un cubano camino frente a un mural del Che Guevara en La Habana (Foto: EFE)

Abel Mesa es nieto de un ferviente revolucionario y antiguo miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC). Su madre cumplió como maestra una misión “internacionalista” en Angola en los lejanos años ’80. Sus tíos fueron diplomáticos en Europa del Este, aunque algunos primos y su hermano están en Miami. Pero él, dice con su cadencia habanera, no está “en na...”.

Hoy, a los 28 años y con un hijo de dos, vive con sus padres junto a su esposa en Alamar, en el este de La Habana, un barrio dividido entre monoblocks construidos por la Revolución y una franja costera de típicas viviendas caribeñas conocidas como “las casitas de los rusos” porque allí, en los ’70, se afincaron técnicos soviéticos.

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Abel es chef, trabajó en varios “Paladares”, como se llaman a los restaurantes privados en la isla, en los últimos años. Pero ahora está desempleado. Con mucho esfuerzo había montado en la casa familiar un emprendimiento particular: preparaba y vendía pizzas caseras y canelones a domicilio. Le iba bien, pero la pandemia y la crisis agravada por el embargo estadounidense lo obligaron a cerrar el negocio hace dos meses.

“No tengo nada de dinero. No me puedo comprar nada. Estoy todo el día en casa. A la mañana hago gimnasia y a la tarde voy a correr”, dijo en una videollamada con TN.com.ar a través de una conexión de Vpn que salteó los cortes del servicio de Internet y de datos en la isla.

Una tradicional calle en La Habana Vieja (Foto: EFE/ Ernesto Mastrascusa).Por: EFE Servicios

“La situación aquí no es buena. Y yo no pasa tanto trabajo como otras personas. Vivimos con lo que gana mi madre con un emprendimiento familiar: alquilamos habitaciones por horas para las parejas del barrio”, comentó.

El sueño trunco de una pizzería

El negocio de elaboración y delivery de pizzas y canelones era una salida laboral que le dejaba un ingreso mensual. “Pero el precio del queso subió muchísimo”, contó.

“Es imposible comprarlo en la tiendas de MLC (Moneda Libremente Convertible) y en las tiendas en pesos cubanos no hay nada. Entonces hay gente que se aprovecha, compra el queso caro y lo revende carísimo”, afirmó.

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El cierre del negocio fue la última estocada. “Ahora no estoy haciendo nada. Mi esposa no trabaja. Estoy viviendo del negocio de mi mamá”, indicó.

Pero llevar adelante el emprendimiento de su madre tampoco es fácil. “Hay que conseguir jabón, detergente... El detergente está perdido. Necesitas toallas, cloro para desinfectar por el COVID-19. Y en Cuba no hay nada. Mi mamá lo consigue todo zapateando y te metes 4 o 5 días para conseguir algo”, apuntó.

Abel hizo una radiografía de los comercios en la isla: “Las tiendas de MLC están llenas de todo, pero el cubano no gana en dólares. Por eso no tiene cómo ir a comprar a esos negocios. En las otras tiendas, las de pesos cubanos, no hay nada”.

“Sacan pollo, perrito (salchichas), productos de aseo personal. Pero todo es normado. Vas y compras lo que ellos te dicen. No puedes comprar dos cajas de pollo. Por libreta de racionamiento te dan 5 libras de arroz por persona, frijoles, 4 paquetitos de café malo. Nada de calidad. Huevos, un pan por persona diario. Y para el niño un kilo de leche en polvo mensual”, resumió.

Y afirmó: “A mi hijo le gusta el yogur, pero no hay. Entonces lo compramos en el mercado negro”.

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Una carrera contra el tiempo

Mesa contó que en la isla casi todo lo que se compra es ilegal y proviene del mercado negro. “Todos los días hay que salir a comprar comida. No es que se puede hacer una compra mensual. No te permiten ir y comprar todo para un mes. Y las colas son inmensas”, graficó. Y agregó: “Hay quien hace la cola hoy y compra en 3 días. Se va turnando la familia. A veces no sabes lo que hay en la tienda. A veces haces las cola, eres el numero 120 y cuando te toca se acabó todo”.

Según este joven cubano, el país “está mucho peor que en los ’90, peor que el Período Especial”, el eufemismo con que se bautizó en Cuba a la crisis que derivó del colapso de la Unión Soviética.

Un vehículo de la Policía circula por una calle en La Habana (Foto: EFE/ Ernesto Mastrascusa).Por: EFE Servicios

En los mercados agropecuarios estatales, prosiguió, esta semana solo había papa. En los kioscos de campesinos privados hay más productos. Ahora hay mamey (una fruta caribeña), pepino, cebolla, ajo, comino, pero pimiento no hay. Conozco amistades que a veces solo comen pan con aceite y agua con azúcar”.

Pero las penurias no terminan ahí. “La luz, desde que empezaron las protestas, no la quitaron más. Pero antes había apagones de 4 horas diarias”, indicó.

Y añadió: “En las farmacias no hay medicinas. Pero las puedes comprar por la libre (mercado negro) . Y los hospitales están malos”, aunque se sigue garantizando la atención gratuita a todos los cubanos. De hecho su madre fue operada de urgencia del corazón el año pasado.

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La mirada sobre el futuro

Abel está convencido de que algo tiene que pasar en su país. “Cada cual tiene su opinión. Quiero que este país cambie, pero si puedo irme me voy. Si hay cambios puede haber esperanza. Hay que ver si esos cambios son para bien o para mal”, afirmó.

Y concluyó: “Ganas de ir a las marchas tengo. Pero a mi mamá le da un infarto”.

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