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POLITICA

11 de octubre de 2021

11/10/2021: Qué hay detrás de la imagen en picada de Alberto Fernández: ¿es una buena idea que se convierta en el “virtual” candidato del Gobierno?

El Presidente atraviesa por una fuerte caída en su imagen y hace encuentros “mano a mano” con la gente, en los que parece haber descubierto las principales preocupaciones de los argentinos: la inflación y la inseguridad.
Por: Sergio Berensztein

La apabullante derrota en las PASO y el escándalo político posterior dieron forma a una nueva dinámica en la gestión del oficialismo. Con el nuevo reparto de tareas, el flamante jefe de Gabinete, Juan Manzur, se muestra hiperactivo en la gestión, centralizando el proceso de toma de decisiones, mientras que el presidente Alberto Fernández se pone al hombro la campaña, con recorridas por los barrios e intercambios directos con los vecinos. ¿Se trata de la estrategia correcta? Hace tiempo ya que el presidente Fernández ha pedido la aprobación de buena parte de la ciudadanía y lejos de impulsar positivamente la campaña del oficialismo es posible que se haya convertido en un activo tóxico.

Según datos de D’Alessio IROL/Berensztein, en septiembre Alberto Fernández obtuvo el 35% de imagen positiva y el 61% de imagen negativa: se trata del peor registro desde que comenzó la medición. En marzo de 2020, al comenzar la pandemia y al adoptar las primeras medidas para contener el avance del virus, el Presidente alcanzó su mejor marca (61% de imagen positiva y 30% de imagen negativa, casi un espejo invertido de la actualidad) y se convertía no solo en el dirigente mejor posicionado dentro del Frente Todos, sino que también era el líder político de mayor prestigio en todo el país (superando a todas las figuras de la oposición).

La imagen del presidente Alberto Fernández, según la opinión pública (Foto: D’Alessio IROL/Berensztein).

La imagen del presidente Alberto Fernández, según la opinión pública (Foto: D’Alessio IROL/Berensztein).

La imagen de Alberto Fernández cayó al nivel de la de Aníbal Fernández

Pero esos tiempos quedaron en el pasado. Desde marzo de 2020, la imagen del mandatario cayó prácticamente de manera constante e ininterrumpida como resultado del mal manejo de la pandemia, los errores de gestión en múltiples dimensiones (seguridad, educación, comunicación, entre otros) y la profundización de la crisis económica.

El “Olivos Gate” y, principalmente, la derrota en las PASO terminaron por apuntalar una caída que ya venía de antes. En este sentido, como tradicionalmente sucede, los resultados de las primarias mejoraron la percepción que la ciudadanía tiene respecto de los ganadores y desacreditaron aún más a los perdedores, entre ellos Alberto Fernández.

Sin duda, uno de los perdedores principales ha sido el Presidente por colocar a sus candidatos en los principales distritos (Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro) y plantear esta elección como un referéndum a su gestión, la cual fue reprobada de manera concluyente.

 

oy en día, el mandatario ni siquiera es el dirigente con mejor imagen dentro del Frente de Todos: se encuentra por detrás de Martín Guzmán, Leandro Santoro y Axel Kicillof, y en igualdad de condiciones frente Aníbal Fernández, una de los figuras más polémicas y cuestionadas de la política argentina.

De hecho, se ubica apenas por delante de Cristina Kirchner, aunque sabido es que la mayor parte de la imagen positiva de la vicepresidenta representa un núcleo de apoyo duro con el que no cuenta Alberto Fernández. Es decir, la imagen positiva de uno u otro no guarda las mismas características.

Por otra parte, un gran número de dirigente de oposición (Horacio Rodríguez LarretaPatricia BullrichLuis JuezDiego SantilliRicardo López MurphyFacundo Manes, y la lista sigue…) se encuentran mejor posicionados que el Presidente.

Volviendo a la pregunta: ¿En términos electorales es una buena idea que Alberto Fernández se convierta en el “virtual” candidato del Gobierno? Quizás se trata de un intento desesperado por seguir ocupando parte de la centralidad política en un momento en el cual el protagonismo de la gestión ha pasado a otros. En términos electorales, parece poco probable que la mayor exposición de Alberto Fernández cambie la ecuación para noviembre.

Imagen y posicionamiento de dirigentes de acuerdo a la opinión pública (Foto: D’Alessio IROL / Berensztein).

Imagen y posicionamiento de dirigentes de acuerdo a la opinión pública (Foto: D’Alessio IROL / Berensztein).

En este raid de eventos de “acercamiento” a la gente, el Presidente obtuvo sus propias conclusiones: en un evento del pasado jueves, les pidió a sus ministros reforzar la lucha contra la inflación y la inseguridad, y les recomendó a sus funcionarios que dediquen parte de su tiempo en bajar al territorio.

En sus encuentros “mano a mano”, el Presidente parece haber descubierto que estas son las principales preocupaciones de los argentinos. Los estudios confeccionados por D’Alessio IROL / Berensztein hace meses muestran los mismos resultados, y al margen de que el gobierno pueda o no tomar en cuenta estos sondeos, parece poco creíble (casi absurdo) que el propio Presidente necesite salir a conversar con un pequeño grupo de argentinos para enterarse de que la inflación es el principal flagelo de este país.

En el mejor de los casos, da cuenta de una distancia brutal que existe entre nuestros dirigentes y la realidad del pueblo al que deben gobernar; en el peor de los casos se trata de una preocupante incapacidad para priorizar los problemas o es tan solo una simulación en el marco de la campaña (un intento por demostrar que ahora sí se entendió el mensaje).

Las principales preocupaciones de los argentinos (Foto: D’Alessio IROL / Berensztein).

Las principales preocupaciones de los argentinos (Foto: D’Alessio IROL / Berensztein).

Otorgándole el beneficio de la duda, quizás el Gobierno comprendió por fin que los problemas que verdaderamente afectan a los argentinos no se solucionan con las salidas más fáciles.

Con la cuestión de la inseguridad, probablemente sea necesario un cambio de paradigma (que elimine los prejuicios que se han acumulado en el último tiempo), una reforma del sistema judicial (una reforma que de verdad implique cambios para el ciudadano de a pie) y una inversión significativa en las fuerzas de seguridad.

En el caso de la inflación es necesario un plan macroeconómico consistente que permita recorrer un camino sustentable por los próximos años, que excederá a esta administración, pero debe comenzar ya mismo.

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