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1 de julio de 2022

01/07/2022: La dolorosa búsqueda de justicia de las víctimas tras las violaciones cometidas por soldados rusos

Por Valerie Hopkins. La denunciante de mayor edad es una mujer de 82 años. Los fiscales ucranianos están investigando, además, miles de crímenes de guerra, entre los que se incluyen ejecuciones y bombardeos a civiles.

Todos los días, Viktoriya tiene que pasar frente a la casa donde la violó un soldado ruso de la misma edad que su hijo adolescente.

A principios de marzo, las tropas rusas llegaron a su poblado, que tiene dos calles y está cerca del suburbio kievita de Borodianka. Poco después, narró, dos soldados la violaron a ella y a una vecina, mataron a dos hombres, incluido el esposo de esta última, y destruyeron varias casas.

“Si no piensas en todo eso, puedes vivir”, aseveró Viktoriya en una entrevista hecha en el poblado en un día lluvioso reciente. “Pero por supuesto no se olvida”.

Ella está cooperando con los fiscales porque dijo que quiere que los responsables sientan el “dolor eterno” que le causaron. “Quiero que sean castigados”, dijo.

Violaciones, una de las muchas atrocidades

Es imposible asegurar que los castigarán y pueden pasar años hasta que lo determinen. Las violaciones fueron una de las muchas atrocidades que las tropas rusas infligieron a los civiles ucranianos durante las semanas de ocupación en los suburbios de Kiev y otros lugares; sin embargo, las dificultades para procesar las agresiones son enormes: las pruebas son limitadas, las víctimas están traumatizadas y a veces son reacias a testificar sobre sus agresiones, si es que de hecho las denuncian. La mayoría de los soldados acusados ha desaparecido.

  Gente acongojada después de una misa por la muerte del sargento ucraniano Kochetov Volodymyr Petrovich en el pueblo de Mykulychi, en Ucrania (Mauricio Lima/The New York Times).

Gente acongojada después de una misa por la muerte del sargento ucraniano Kochetov Volodymyr Petrovich en el pueblo de Mykulychi, en Ucrania (Mauricio Lima/The New York Times).

Por: MAURICIO LIMA | NYT

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